¿Podría un impuesto sobre el carbono ayudar a reducir el resto de impuestos que pagamos?

El cambio climático tiene el potencial para convertirse en el mayor problema al que debemos hacer frente en este siglo. No parece que una catástrofe climática vaya a producirse de manera inminente, pero sí es seguro de que se trata de una amenaza que debemos tomarnos muy en serio.

Y la economía puede liderar la solución a este problema: la teoría de las externalidades, el análisis coste-beneficio, los impuestos al carbono, el comercio de derechos de emisión… y mucho más, convierten a la economía en parte crucial para afrontar este desafío. Quienes cuestionan por qué los economistas intervienen en la búsqueda de soluciones a las cuestiones medioambientales no podrían estar más equivocados.

La mayoría de economistas comparte la idea de que poner un precio al carbono (con un impuesto sobre el carbono o con el sistema de comercio de derechos de emisión, pero sobre todo con un impuesto ‘carbono neutro’ sobre los ingresos) es necesario, y quizás también suficiente, para abordar el cambio climático.

Es más, quizás incluso poner un precio al carbono podría ayudar a reducir el resto de impuestos que pagamos. Por ejemplo, a cambio de pagar menos impuestos por todo aquello que sí nos gusta (trabajo, ahorro, inversión) tendríamos que pagar mucho más por todo aquello que no nos gusta (el carbón).

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